Sobre la lectura

Reflexión por el Día Internacional del Libro


Hoy es el Día Internacional del Libro y quiero compartir una pequeña reflexión sobre la lectura. Desde hace varios años se critica que los jóvenes (y no tan jóvenes) leen por moda, principalmente novelas que consideran entretenidas. También se critica la lectura de libros que ofrecen consejos de todo tipo: para mejorar las finanzas, para aprender a persuadir a las personas, para tener mejores relaciones, para desarrollar nuevos hábitos o para cualquier asunto que se nos ocurra. Y también se critica el consumismo, asumiendo que las redes sociales más que fomentar la lectura, fomentan el consumo de libros. Creo que hoy es un buen día para reflexionar, más que para criticar esas prácticas. Porque, honestamente, yo no creo que estén mal, pero también creo que la lectura puede ofrecernos algo más que entretenimiento y consejos que, a veces, ni siquiera son buenos.

Nada de esto es nuevo. Séneca reflexionó al respecto hace dos mil años. Por ejemplo, sobre acumular un montón de libros, le aconsejó a su amigo Lucilio que seleccionara algunos autores ya reconocidos, y que sacara alguna enseñanza de sus lecturas, en vez de preocuparse por leer muchos libros. Le dijo: «Disipa la multitud de libros; por ello, si no puedes leer cuantos tuvieres a mano, basta con tener cuantos puedas leer». Y el problema no es tener muchos libros ni leer mucho. Si uno tiene tiempo, voluntad y acceso a muchos libros, a lo mejor puede aprovechar y leer muchísimo. No hay nada de malo en ello. Pero leer sin rumbo, saltar de libro en libro sin permitir que ninguno nos deje huella, aunque no sea una pérdida de tiempo si se disfruta, tal vez no es la mejor manera de aprovechar ese tiempo y esos libros.

Quiero ser claro: no creo que leer por entretenimiento sea malo. No lo es. A veces uno necesita una novela, un cuento o un poema que simplemente lo lleve de la mano sin pedir nada a cambio, y eso también es una forma legítima de usar los libros. El mismo Séneca reconoció esto cuando dice «lee siempre autores reconocidos y, si en alguna ocasión te agradare recurrir a otros, vuelve luego a los primeros». No dice que nunca hay que buscar distracción o entretenimiento en la lectura; sino que una vez que le diste un vistazo a ese libro de moda, entretenido, divertido, puedes volver a leer con otro propósito, pero, ¿qué propósito tiene la lectura para Séneca o por qué recomendó leer a autores reconocidos? Y, ¿reconocidos por quién?

Vayamos por partes y comencemos con eso de los autores reconocidos. Evidentemente, Séneca prefería leer a los estoicos, pero también a filósofos de otras escuelas, poetas, escritores de tragedias, y demás. Así que no se refiere a autores de un sólo género literario, ni de una misma filosofía. Sólo puedo conjeturar que se refería a autores cuyas ideas o conocimientos eran importantes o interesantes. En cuanto al propósito que Séneca ve en la lectura: habla de nutrir el alma, de buscar en los libros remedios para los males que aquejan nuestra alma: «Procúrate cada día algún remedio frente a la pobreza, alguno frente a la muerte, no menos que frente a las restantes calamidades, y cuando hubieres examinado muchos escoge uno para meditarlo aquel día». Es una perspectiva que en general tenían los filósofos estoicos, veían en la filosofía y en los libros una medicina para el alma. El mismo Séneca escribió cartas filosóficas, diálogos, poesía y tragedias. Otros autores admirados por Séneca también escribieron distintos tipos de libros: Cicerón escribió diálogos en los que exponía distintas perspectivas filosóficas sobre un mismo tema, Crisipo de Solos escribió un libro con la intención de que las personas que lo leyeran aprendieran a relacionarse de una manera más sana con sus emociones, Cleantes escribió un poema sobre el destino que Séneca cita en alguna de sus cartas, igual que la obra de otras personas.

En esos y otros autores, Séneca encontró algo interesante. No necesariamente algo con lo que estaba de acuerdo, sino algo sobre lo que valía la pena reflexionar o tal vez alguno de esos remedios frente a alguna calamidad que habría que meditar a lo largo de un día. Y eso es lo que me gusta de la propuesta de Séneca, busca que la lectura se quede con nosotros, que nos deje algo útil para nuestra vida cotidiana. Y eso no se logra sólo leyendo, sino también reflexionando y escribiendo.

Séneca, le recomendó a Lucilio que practicara tanto la lectura como la escritura: «No debemos tan sólo escribir, ni tan sólo leer (...) Hay que acudir, a la vez, a lo uno y a lo otro y combinar ambos ejercicios a fin de que cuantos pensamientos ha recogido la lectura, los reduzca la escritura a la unidad. Debemos, según dicen, imitar a las abejas que revolotean de aquí para allá y liban las flores idóneas para elaborar la miel». Las abejas no sólo visitan las flores, recogen de ellas el polen, y no lo dejan intacto, sino que lo usan para producir algo completamente suyo, la miel. Séneca sugirió que hagamos lo mismo con la lectura: «fundir en un sabor único aquellos diversos jugos, de suerte que aun cuando se muestre el modelo del que ha sido tomado, no obstante aparezca distinto de la fuente de inspiración». Hay que leer ideas ajenas y luego procesarlas para apropiárnoslas. Así como los alimentos que ingerimos, no sólo disfrutamos su sabor o la sensación de saciedad que nos dejan. Nos nutrimos de ellos.

Es válido hablar de los libros que disfrutamos sin más, buscando un sano entretenimiento, como decía Michel de Montaigne. Y no hay nada de malo en llevar una cuenta de las lecturas que hacemos. Pero hoy que es día del libro, no creo que lo más importante sea una cifra de libros leídos, sino recordar las cosas que aprendimos de ellos, qué tanto nos nutrió, o nos fortaleció una lectura. O para retomar la imagen que sugiere Séneca, lo que importa no es cuántas flores visitamos, sino la miel que elaboramos con el polen que tomamos de ellas.

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